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13 de diciembre de 2010

Alianzas a Prueba

En su columna CAPITOLIO que publican varios medios de Coahuila, GERARDO HERNANDEZ GONZÁLEZ analiza el saldo de diez años de alternancia en la presidencia de la República y los considera como negativos pues si al cambio de partido en el poder no lo acompañan conductas nuevas y transformaciones profundas, lo que se alienta es la decepción ciudadana.
 
Es cierto que el Congreso y la mayoría de los agentes políticos, en lugar de ayudar, estorban.

Los saldos de la alternancia en la Presidencia de la República, a diez años de iniciada, son negativos. Pues si al cambio de partido en el poder no lo acompañan conductas nuevas y transformaciones profundas en su ejercicio, sobre todo después de que el PRI lo ostentó por más de setenta años, lo que se alienta es la decepción ciudadana, no la esperanza de construir un país menos pobre, inseguro y desigual.
Es cierto que el Congreso y la mayoría de los agentes políticos, en lugar de ayudar, estorban. Pero también que a Vicente Fox y a Felipe Calderón les faltó talento, juicio y capacidad negociadora. Ninguno estuvo a la altura de la coyuntura histórica, aunque al segundo le restan todavía dos años en Los Pinos.
Esa circunstancia brinda a los gobiernos aliancistas de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, la oportunidad de demostrar que las coaliciones entre el PAN, PRD, PT, Convergencia y las otras fuerzas políticas que ganaron el poder con Gabino Cué Monteagudo, Rafael Moreno Valle y Mario López Valdés —ex priistas marginados por su anterior partido—, pueden ofrecer en aquellas entidades lo que la alternancia unipartidista no le ha brindado al país hasta ahora: gestiones eficientes, sensibilidad política y social, pero, sobre todo, un estricto apego al estado de derecho.
No se trata de encarcelar a Ulises Ruiz y a Mario Marín, dos de los gobernadores más odiados del país, por bribones y vulgares, solo para satisfacer a las graderías y ganar fama. Elementos para procesarlos abundan, según denuncian partidos de oposición y organismos civiles, avalados por indagatorias judiciales en curso, como sucede en Oaxaca, donde a familiares del tesorero del estado les descubrieron más de mil millones de pesos, de un total de cuatro mil ochocientos que, se presume, fueron desviados del erario.
Ruiz y Marín son demasiado astutos. Una vez que sus delfines fueron derrotados en las elecciones del 4 de julio, tomaron previsiones para no ser enjuiciados, aunque la condena moral es inapelable. Pero no basta. Primero, porque a los amorales lo que menos les importa es lo que de ellos se piense. Segundo, porque aceptar que la maña es más poderosa que la razón y las leyes, condenaría al país y a los estados a una rapiña perpetua. Gabino Cué y Moreno Valle deben investigar con microscopio a los caciques de Oaxaca y Puebla, por congruencia política, compromiso democrático y elemental justicia.
Cué asumió el 1 de diciembre, López Valdés lo hará el 1 de enero y Moreno Valle el 1 de febrero. Si los gobiernos de alianza ofrecen resultados desde el principio de sus gestiones, cumplen la ley y castigan a los saqueadores, reivindicarán la alternancia como medio libre y democrático para mejorar el servicio público y transparentar el origen y destino de los recursos del erario. También incidirán en elecciones locales, particularmente en el Estado de México, y eventualmente en la postulación de candidatos a la Presidencia de la República para las elecciones del 2 de julio de 2012. El futuro está en las alianzas, como pasa en Brasil, Chile, España, Francia, Alemania.

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