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20 de noviembre de 2012

Enraizador

Arcelia AYUP
SILVETI

Desde hace poco tiempo Arcelia Ayup Silveti, esposa de mi amigo Jesús Salvador Hernández Vélez publica un espacio en Milenio Diario Laguna bajo el título De Raíces y Horizontes en donde toca el tema de costumbres y tradiciones, y también acerca de recetas de cocina. En la última entrega se refirió a una anécdota vivida por nuestros vecinos de Viesca, Coahuila.

Esta anécdota es un verdadero ejemplo del rescate de identidad. En la esquina de Hidalgo y Constitución en Viesca, Coahuila, hay una anacahuita, un hermoso arbusto de flores blancas y hojas ovaladas aterciopeladas. En Torreón hay una en la Calle Mayrán, en el camellón central, frente a las canchas de futbol del Lienzo Charro de la colonia Torreón Jardín.
Dicha anacahuita, que en Viesca le llaman “canagüita”, ha crecido con el pueblo. También la esquina es conocida con el mismo nombre. Deducen las personas de mayor edad que este árbol puede tener un siglo, pues ya existía cuando eran niños. El viesquense Jaime de la Fuente afirma que ha visto fotografías de ese ejemplar, cuando pasaba por ahí un tranvía.
Muchas generaciones vieron engrosar su tronco y dar vida a nuevas flores cada primavera. El viernes 9, una patrulla seguía a un infractor y ésta chocó justo en la anacahuita y la tumbó de raíz. Al día siguiente la presidencia municipal ordenó tirarla.
Los vecinos de la cuadra escucharon ruidos y salieron a ver qué pasaba. Todos unidos exigieron que replantaran el arbusto porque estaba vivo, que si lo tiraban ya no tendrían nada que los identificara, que todos los viesquenses tenían un recuerdo de su “canagüita” y que era como si les quitaran el alma. La persona enviada les dijo que él sólo obedecía. Con energía los viesquenses se opusieron, sin importar la procedencia de la orden.
Al cabo de unas horas, llegaron con la maquinaria necesaria para replantar el árbol. Los vecinos, esta vez contentos, ayudaron a colocarle enraizador y a coordinar la manipulación de su “canagüita”, custodiando su raíz.
Le hicieron un cajete más grande y un bordo de tierra alrededor. De nuevo en su lugar, le echaron agua y hablaron de la importancia de regarla más seguido mientras “vuelve a agarrar”.
Qué ejemplo más vivo de defender lo que nos pertenece y nos da identidad. ¿Será que en los pueblos la raíz es más profunda que en las ciudades? ¿El resto de los laguneros defenderemos lo nuestro con esa fuerza? ¿Cuál es nuestra “canagüita”? ¿Necesitaremos enraizador?

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