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28 de mayo de 2013

Michoacanizar' vs. despenalizar

Roberta Garza
La columnista de Grupo Milenio Roberta Garza, expone su punto de vista acerca del anuncio de Enrique Peña Nieto respecto a la despenalización de las drogas, la reportera señala que “No es que quiera osar empañar el júbilo por el Pacto, el nuevo Plan Nacional de Desarrollo o el triunfo del América, pero esa declaración se cae solita: el combate a la industria y consumo de la droga se hace necesario porque ésta es ilegal; si no lo fuera, pues… eso”. El texto aparece en la sección Acentos de Milenio Diario Laguna y se puede consultar en el enlace que sigue:

Enrique Peña Nieto
Enrique Peña Nieto anunció en su reciente visita a Colombia que la despenalización o legalización de las drogas es una forma falsa de combatir el crimen. No es que quiera osar empañar el júbilo por el Pacto, el nuevo Plan Nacional de Desarrollo o el triunfo del América, pero esa declaración se cae solita: el combate a la industria y consumo de la droga se hace necesario porque ésta es ilegal; si no lo fuera, pues… eso.
Lo que el Presidente pidió fue abrir el debate, lo cual es una manera elegante de patear la lata al infinito y más allá. Lo contrario hubiera sido sobresaliente: casi 80% del público mexicano está en contra de legalizar. Por temores infundados, quizá —como el que dice que así la droga llegará muy fácilmente a tus hijos, como si la gente dejara de consumir sustancias prohibidas porque lo son—, pero eso quiere decir que ningún gobernante se aventará el toro de empujar la medida, aunque ésta reduzca significativamente los sangrientos daños colaterales de la guerra contra el narco, generando encima una fuente de ingresos tan grande como la de las muy legales industrias del tabaco y del alcohol.
La legalización no es una panacea, no. Los precedentes parciales europeos, sin embargo, son interesantes, pues sus problemas se deben más a la ausencia de un marco legal completo, que existiría si la enchilada fuera completa, que en sí al uso más libre de algunas sustancias candidatas como la mariguana. Lo que es cierto es que, con todos sus bemoles, la alternativa se antoja socialmente más benévola y eficaz que la criminalización pura y dura: el mal comienza cuando el consumo y las adicciones —que no necesariamente son causa-consecuencia; ¿por cada cuántos bebedores ocasionales hay un alcohólico?— son metidos en el mismo esquema penal que la producción y el tráfico, en vez de mirarlos y tratarlos como un asunto de salud pública, y se agrava cuando consideramos las irreconciliables contradicciones sobre las cuales el Estado decide lo que es o no permisible para sus ciudadanos: hasta la fecha, nadie ha podido explicarme por qué el tabaco es legal y la mota no sin aludir a la moral y las buenas costumbres, o a una serie de mitos y leyendas sin el menor fundamento médico.
Me temo que, como pasa con tantos otros temas, alrededor de la despenalización de las drogas un debate valiente y racional, alejado de preconcepciones, vísceras, miedos y, sobre todo, de consideraciones electorales, no se dará pronto.

Twitter: @robertayque

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