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11 de noviembre de 2010

El PRI en su laberinto


Autodidacta, Gerardo HERNÁNDEZ GONZÁLEZ se ha convertido al paso de los años en uno de los analistas más ubicados de su generación. Surgido para el periodismo en los albores de los años 70 hizo sus pininos en LA OPINION El Gran Diario de los Laguneros en la época en que ese medio se ubicaba en Matamoros y Falcón. Sus primeras oportunidades dentro del ejercicio informativo las recibió de don Eduardo ELIZALDE ESCOBEDO. La columna CAPITOLIO de Gerardo HERNÁNDEZ GONZÁLEZ se publica varias veces a la semana en diferentes medios de Coahuila y para muchos es imprescindible.

El informe del gobernador Moreira, en Torreón, fue, ante todo, una expresión de fuerza. Los medios lo destacan así porque nervio y liderazgo políticos son, en la actualidad, bastante escasos. La falta de cuadros y proyectos duraderos, en un clima demasiado volátil, así lo avalan. El PRI basa su futuro en un hombre: Enrique Peña, quien, excepto a Televisa y al grupo Atlacomulco, a nadie más convence su propuesta. ¿Cuál? Ninguna. Ése es el dilema. Como tal, el bisoño gobernador del Estado de México es una especie de globo sonda que en cualquier momento estalla.
Coahuila figura entre las entidades con mejores índices de crecimiento, en un contexto nacional adverso. En términos de seguridad, tema que desasosiega a la mayoría, se mantiene todavía fuera de las zonas de riesgo localizadas en Durango, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Baja California. No significa que el problema sea menor o inexistente, al contrario. Si no, que lo digan en La Laguna, Saltillo, Monclova, la frontera. Es que aún no llega a tales extremos y más conviene alejarse de ellos de prisa. Sólo así la sociedad podrá, al fin, recuperar el aliento, respirar sin sobresaltos.
En términos electorales, el moreirismo, encabezado por Humberto y su hermano Rubén, convirtió al PRI en una máquina eficaz de movilización y multiplicación de votos. Las oposiciones, sobre todo el PAN, barrido literalmente en las tres últimas elecciones, no ha tenido argumentos —y si los tienen no los utiliza—, para contener un proyecto político de largo aliento. La administración y su partido han cuidado todos los resquicios, todas las variables, y tienen bajo control a la mayoría de los grupos. Sin embargo, nada está escrito todavía.
La suma de esos factores le permite al gobernador ser hoy la figura coahuilense en el plano nacional, como antes lo fueron, estilos aparte, Nazario Ortiz, Berrueto Ramón, López Sánchez, Mendoza Berrueto, y llamar la atención de columnistas como Riva Palacio, Ciro Gómez, López Dóriga y Carlos Loret. Para consolidarse, Moreira necesita ganar la presidencia del PRI una vez que deje el gobierno, posición a la que, por su desempeño, debe tal preeminencia. La expectativa es alta, según se constató en el Coliseo de Torreón donde adelantó su adiós.
El punto no es, sin embargo, si el coahuilense puede sustituir a Beatriz Paredes en la sede de Insurgentes y Violeta. ¡Llegó Roque(señal)! Moreira ha demostrado tener las cualidades que el PRI requiere en estos momentos. La cuestión consiste en si los grupos de poder radicados en el centro, pero con ramificaciones de todo tipo en el país [la nomenklatura (Carlos Salinas dixit) que alcanzó a Colosio en Tijuana], se lo permiten. Los Beltrones, los Gamboa, los Madrazo, los Bartlett, los propios Salinas.
La manera en la que el PRI decida quién será su presidente, definirá también su porvenir. El sucesor de Paredes puede reabrirle a su partido las puertas de Los Pinos. Las condiciones están dadas, pero una elección inadecuada puede, igual, modificarlas. Las fórmulas son dos: Enrique Peña-Humberto Moreira y Manlio Fabio Beltrones-Emilio Gamboa. Presente y pasado. Carisma y maña. Así de simple.

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